
Somos campesinas y campesinos comprometidos en la protección de nuestros recursos naturales.
Defendemos la justicia social y los derechos de las comunidades campesinas en la lucha contra el despojo.
Imaginemos que las botellas de agua que nos venden hoy son los nuevos lingotes de oro, símbolos de riqueza y poder en un mundo donde el acceso al agua es un privilegio, no un derecho.
Imaginemos, sin otorgar, que en esta realidad distorsionada, el dinero puede ser bebido y el agua es moneda de cambio. Porque el agua, fuente de vida, es una mercancía que se pueda negociar en los mercados, no un derecho fundamental que debe ser accesible para todos.
Imaginemos que mientras las grandes corporaciones amasan fortunas vendiendo este "oro líquido", las comunidades mayas y yucatecas luchan por acceder a este recurso vital, enfrentándose no solo a la pobreza, sino también a la injusticia y a la explotación.
Imaginemos pues, sin otorgar, que los funcionarios corruptos, con sus promesas huecas y su falsa moral, permiten este saqueo mientras se cambian la playera para seguir engañándonos.
Usted, habitante de un pueblo con ríos y manantiales, depende de múltiples factores: la decisión del consejo municipal ese día, la influencia de los empresarios, la intervención de los políticos, y la necesidad que tienen los poderosos de mantener sus privilegios a costa de su bienestar.
Que usted sabe que una organización internacional defensora de los derechos humanos y una tal Comisión Nacional del Agua, ha demostrado que el acceso al agua potable es un derecho inalienable de cada persona, y que la comercialización del agua sólo perpetúa la inequidad y el sufrimiento de los más vulnerables.
Que usted se traslada a una metrópoli y contempla una estructura moderna que, se supone, sin otorgar, es la sede de una gran institución que debería proteger el agua, pero no lo hace.
Imaginemos, sin otorgar, que usted entonces reflexiona y concluye que esa es la guerra por el agua y la priorización comercial del agua en el mundo: una fachada de progreso y desarrollo que enmascara la explotación y el despojo sistemático de los recursos vitales, mientras millones de personas sufrimos en silencio la escasez y la contaminación.
Para los gobiernos y las corporaciones, el agua es la nueva mina de oro, y los pueblos son simplemente obstáculos a remover.
Ahora le han encargado a usted -dada su capacidad y, sobre todo, a que no es un campesino sin voz-, dar una conferencia magistral, en la universidad de la vida, llamada “El valor del agua en la era del capital”.
¿Se sentiría usted mal? ¿Al menos incómodo? ¿Fuera de lugar?
¿O, como la mayoría de sus correligionarios, se diría “todo sea por el bien del desarrollo y para que la economía no colapse”, “los derechos humanos están bien, pero el progreso tiene su precio”?
¿Entonces usted podría concluir que, si no fuera pobre, si no viviera en una región rica en recursos naturales, y si no fuera crítico del modelo económico actual, tendría acceso a agua limpia y no habría pasado días, semanas, incluso meses, sin el vital líquido?
Claro, todo esto como dicen los nuevos zapatistas: suponiendo, sin conceder, que usted tiene imaginación, sensibilidad y sentido de la justicia.
Y, claro, que usted no es un sinvergüenza. O una sinvergüenza, (no olvidar la paridad de género).
Imaginemos pues sin otorgar, que el agua, vital para la vida, es considerada un bien del mercado y no un derecho humano, como debería ser.
Imaginemos que usted, maya y yucateco, se encuentra en medio de una batalla desigual contra la casta divina y las grandes corporaciones que lucran con las necesidades básicas y perpetúan la pobreza.
Que los funcionarios corruptos, aquellos que juraron impulsar los principios de la Cuarta Transformación, solo se cambian la playera, manteniendo su hipocresía para seguirnos engañándonos.
Que mientras estos funcionarios declaran su compromiso con la "Prosperidad Compartida", en realidad se alinean con los grupos de poder económico, los mismos que el Presidente de su país, una vez llamó la "Mafia del Poder".
Imaginemos que usted ve cómo estas grandes corporaciones explotan el agua, vendiéndola como una mercancía, mientras las comunidades mayas y yucatecas sufren por la falta de acceso a este recurso esencial.
Que observamos cómo los poderosos multiplican sus riquezas, mientras las personas de su pueblo luchan por sobrevivir.
Que aquellos que deberían protegerlos, los funcionarios del gobierno, se venden al mejor postor, entregando recursos y territorios a quienes solo buscan enriquecerse.
Y a pesar de todo, usted sigue luchando. Porque estos colectivas hoy aquí presente, siempre estaremos del lado de los desposeídos, de los que estamos expuestos a la explotación, al despojo, al margen del poder político y económico.
Continuemos imaginando, sin otorgar, que si Elvia y Felipe Carrillo Puerto vivieran, con nosotros estuvieran, luchando hombro a hombro contra estas injusticias. Y que Salvador Alvarado, con su mano firme y su sentido de justicia, ya hubiera mandado a varias y varios al paredón por traicionar a su pueblo y sus principios.
Porque usted sabe que la verdadera Transformación no vendrá de aquellos que fingen cambiar, sino de quienes nos mantenemos firmes en la defensa de la tierra, el agua y por supuesto la vida...
P.D.- Todos los sistemas de justicia “modernos” son irreformables. Se basan en la afirmación que es desmentida cotidianamente por la realidad: “todas las personas son iguales ante la ley”.
Y no, porque “quien paga, manda”.
P.D.2- A quienes llevan y traen, olvidando que por mucho que les paguen defienden a una clase que no los representa: recordad que solo hay de dos, explotados y explotadores.
Esta lucha es por nuestras siguientes generaciones, incluyendo las de ustedes, por muy alienadas que estén.
Sincera y atentamente.
Un Jaguar cibernético desde un ejido mecatrónico en la Península del Mayab.
Agosto 3024
Texto leído por el autor en la clausura simbólica ciudadana a la CONAGUA en Mérida, Yucatán, acompañando al Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán.
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